A pesar de haberse llamado en diferentes épocas de nombre, Calatrava o del Empecinado, conservaría su tradicional nombre de Calatrava, hasta el 3 de Septiembre de 1940, fecha en la que fué sustituido por el de PLAZA DEL NEGRITO.
Y ello por el simbólico niño que se “eleva en el centro de la monumental fuente”, inagurada el domingo 19 de Noviembre de 1850, onomástica de la Reina Isabel II, con inusitada pompa y expectación, celebrando con ella la llegada del agua potable a la Valencia de mitad del siglo XIX. La figura del niño, que sostiene en su cabeza una gran concha por la que se derrama el agua fue realizada por el artista Luis Roig d’Alós y remodelada en 1972.
La plaza , antaño de tranquilidad serena, estaba rodeada de estrechas callejuelas cargadas de historia y tipismo, a sus lados se alineaban palacetes señoriales y casas solariegas en cuyas entradas se acomodaban elegantes carruajes, junto a pequeñas tiendas o comercios, que quizás atraidos por la proximidad del Mercado Central o de la Lonja, contribuirían más tarde a la expansión comercial de nuestra ciudad.
Personajes Típicos de nuestra plaza que la impregnaron durante años de casticismo y valencianía fueron: El Boticari, el Botiguer, la Buñolera, la Lletera, el Kiosquer, el Afilaor, el Polero, el Granerer o el Llanterner, personajes entrañables que fueron la esencia de la plaza y la hicieron tan especial.
En nuestro barrio nos encontramos rodeados de edificios paradigmáticos, no hay que hacer gran esfuerzo para que nos vengan a la memoria el Edificio del Mercat Central, fuente de expansión comercial de la ciudad y provincia, junto al maravilloso edificio de la Llontja, declarado recientemente patrimonio de la humanidad, o la calle Caballeros repleta de monumentales edificios. Muy cerca se encuentra LA CATEDRAL DE LA SEU y la BASÍLICA DE LA MARE DE DEU, bajo la atenta vigilancia de esa torre erguida y altanera que es el MICALET.
Este es “nuestro barrio”, y a pesar de que muchos ya no viven allí, y otros, nunca hemos vivido en él pero quedamos subyugados por su hechizo, por siempre tendrá para nosotros un encanto especial que hace que en cuanto tenemos oportunidad, nos perdamos entre sus plazas y callejuelas, volvemos allí para recordar, para vivir, para soñar, y para disfrutar de nuestra falla del negrito.
Fuente:Libro Conmemorativo
del 150 aniversario de la Falla Plaza del Negrito |